Expedición 2ª de Hernando de Grijalva en refuerzo de Francisco Pizarro (1536-1537)

ernán Cortés recibe una petición de ayuda solicitada por Francisco Pizarro para pacificar unos levantamientos de los indígenas en la zona de Lima. Para ello ordenó formar una pequeña armada y puso al frente a Hernando de Grijalva. La armada se componía de los siguientes navíos:
El navío Santiago, de 120 ton (144 ton). El capitán era Hernando de Grijalva; el maestre, Esteban de Castilla; el piloto, Martín de Acosta; contramaestres, un mozo de Niza y el gallego Miguel Noble. Veintidós hombres de mar, algunos soldados y varios indios.
El patache Trinidad, de 90 ton (108 ton), estaba al mando del capitán Fernando de Alvarado (sin constar parentesco con Pedro de Alvarado, entonces gobernador de Guatemala); piloto y maestre, Vasco Juan Martínez. Diecisiete hombres de mar.
El relato de Jerónimo de Saavedra menciona, bajo el epígrafe:
«... Que trata de lo que sucedió a los navíos de que iban por capitanes Jorge Cerón y Hernando de Grijalva, que partieron, por mandado del Marqués del Valle, de la Nueva España para ir al Perú...» (Descubrimientos españoles del Mar del Sur, pág. 282).
Aunque las instrucciones de Francisco Pizarro no han llegado a nuestros días, sí se puede conocer alguna frase recogida en testimonios. La principal misión era salvar a Francisco Pizarro de su comprometida situación. La misión alternativa podría haber sido alguna tarea de exploración. Así dice Galvão:
«... fueron derechos a San Miguel de Tangara para ayudar a Francisco Pizarro, y de allí a Maluco a lo largo de la línea, como les había mandado...»
El fraile agustino Jerónimo de Santisteban, que relató un manuscrito llamado En la India de Portugal, fechado el 22 de enero de 1547, dice en uno de sus párrafos:
«... y siendo 200 leguas (522 millas) apartado de la costa del Perú, a la vuelta de Nueva España, el capitán Hernando de Grijalva dijo a la gente que, pues allí se hallaba, quería ir a descubrir nuevas tierras porque así lo tenía mandado el Marqués...»
Sin embargo, el contramaestre Noble testimonia que nadie vio instrucciones escritas.
Las expediciones organizadas anteriormente por el Marqués llevaban una misión exploradora de ámbito litoral y solo perdían de vista la costa de manera ocasional; jamás envió un navío solo. Podemos suponer que las instrucciones no contenían órdenes de adentrarse en el Mar del Sur, y menos que lo hiciera una nave sola. Algo parecido había ordenado en las instrucciones que dio a Hurtado de Mendoza:
«... Llevareis mucho cuidado, e así lo amonestareis a los pilotos, e a las otras gentes, de mirar a las mañanas y tardes, cuando sale y se pone el sol, de mirar hacia el mar por algunas tierras; e si alguna se viere, marcarlaheis por la aguja, e ponéis la proa en ella hasta la ver y descubrir...» (Descubrimientos españoles, Tomo I, pág. 285).